Por Rafael Henríquez.
— Mi socio, compré boletos para el juego de los Celtics y Philadelphia el 2 de febrero, $ciento y pico por cada entrada. Mi miedo es que vayan a sentar todos los estelares. Habré gastado este dinero en balde. Expresó consternado un amigo.

Esta es la principal preocupación que tienen los fanáticos de la NBA al momento de planear asistir a un estadio o acomodar su agenda para sentarse a ver un partido de baloncesto. El temor es válido, vemos diariamente cómo de forma medalaganaria los dirigentes, y/o hasta los mismos jugadores toman la decisión de no participar en uno que otro juego.
Las franquicias enfrentan equipos diferentes prácticamente en cada jornada. Lo que indica que estos baloncetistas deben estar montados en un avión la mitad de su vida profesional. Sumado al agotamiento por los viajes, tenemos el extenuante entrenamiento y el exigente esfuerzo físico y mental que significa cada enfrentamiento.
Ñoñerías
Lidiar con estrés muscular, espasmos, torceduras, dislocaciones, tendones rotos, fracturas de huesos, hinchazón de las extremidades superiores e inferiores y «como si todo esto fuera poco» (inserte voz de Silvio Rodríguez), ahora también hay que batallar con las innumerables ÑOÑERÍAS de los jugadores estelares.

Estos atletas de alto rendimiento, casi superhumanos, han inyectado a la inagotable problemática que por gravedad trae consigo este deporte el factor: «no me siento bien jugando para esta franquicia». Sí, leyeron bien, jugadores que ganan salarios millonarios tienen la cachaza de decir que no están a gusto con la organización que abultó extraordinariamente sus cuentas bancarias. Y claro que debo tocar el tema dinero.
Según el portal Basketball Reference, para la actual temporada 2024-25 el sueldo anual promedio es de $US 11,910,649. El salario mínimo en la campaña es de $US 1,157,153. Apoyamos completamente que los jugadores les den «en la madre» a las multimillonarias franquicias que componen el conglomerado de la Asociación Nacional de Baloncesto.
Pero cuando usted plasma su firma en un contrato de esta categoría, también sw está comprometiéndo a cumplir cabalmente sus estipulaciones y jugar es parte de ellas.
Jimmy «Mantequilla»
El caso de ÑOÑERÍA más reciente es el de Jimmy Butler, este está como la mantequilla: desde que se calienta hace un embarre. El pana se destapó con la charlatanería de decir que no se siente «cómodo» jugando para los Heats de Miami, lo que desató una respuesta administrativa de siete partidos suspendido sin paga contra el estelar. Para el alero pequeño la sanción no fue suficiente y llegó tarde al avión de la franquicia que tenía como destino Milwaukee para enfrentar a los Bucks, malcriadesa por la que tuvo que aguantar dos juegos más de suspensión. Con el sueldo de este jugador, esas ausencias sin paga significan $US 4.5 mm. ¡Por Dios! No podemos relajar así con el dinero cuando tenemos personas en los Estados Unidos con sueldos de $US 12.50 p/h. Este no es el primer caso de indisciplina de Jimmy Butler, cuando vestía la camiseta de 76’ers el novedoso personaje se vio en una disputa con la estrella del equipo, Joel Embid. Luego, jugando para Minnesota, los encontronazos fueron contra el dominicano Karl Anthony Towns. Cuando no encuentra un compañero con quien pelear, entonces apunta sus cañones a la gerencia del equipo.
David Stern hace falta
El legendario abogado y empresario David Stern encabezó las oficinas de la NBA de 1984 a 2014, reemplazando a Larry O’Bryan (EPD), en honor a él fue nombrado el trofeo de campeón de la Liga. Stern modernizó la NBA, globalizó el deporte con atinadas estrategiaz de mercadeo y ventas de los derechos de transmisión, con programas sociales mostró al mundo el lado humano y altruista de la organización. Sacó provecho de las figuras deportivas, elevando el valor intangible de los jugadores, mostrándolos como estrellas y caras representantes de las franquicias. Y lo más importante de todo, disciplinó a unos baloncetistas que se veían concetudinariamente en problemas de violencia, drogas y alcohol. Ordenó un código de vestimenta y puso en cintura a cualquiera que mostrara intenciones de boicotear lo arduamente construido.

Estoy seguro que bajo el mando de Stern, ninguna de estas ñoñerías ocurrirían, pero tras su salida en 2014, las riendas como comisionado las tomó Adam Silver y con él se ha desmoronado paulatinamente ese legado. Con Silver a la cabeza y su política permisiva se ha propiciado un comportamiento displicente y una evidente falta de compromiso. Los equipos se escudan en el «manejo de lesiones» para sentar a sus estelares en una incontable cantidad de partidos; ya no sorprende ver a jugadores pidiendo ser cambiados de sus franquicias en medio de las ruedas de prensa y los chismes administrativos brotan de las oficinas como agua de manantial.
Ya es momento de bajar el maso y que la figura del comisionado trace las pautas conductuales de la Liga. Seguir permitiendo este desbordamiento de necedades traerá consigo la enemistad de los fanáticos con la NBA. Así como cada seguidor se compromete con su franquicia, estos ciudadanos necesitan ver a los jugadores igualmente responsabilizados con la causa. Adam Silver, o le impregnas carácter y disciplina a la liga que diriges, o te explotará en las manos una debacle histórica.

ese soy yo jajajaja tú verás lío si no juegan esos malvados .
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