Por Rafael Henríquez.
Actrices hembras, (sí, porque ahora hay que especificar que no sea actriz macho), adivinen; cayeron en la trampa. Por fin se completó el ciclo en el que los hombres las desplazan totalmente y arrebatan de sus manos la oportunidad de competir con sus iguales en la meta de obtener la anhelada estatuilla de los Premios Oscar. Se aferraron tanto al distorsionado mensaje de «igualdad de género» que hoy en día los hombres se ganan las categorías que pertenecían a las mujeres.

En el Festival de Canes el galardón a «Mejor Actriz» lo obtuvo Carlos Gascón, autodenominado como Karla, por la película «Emilia Pérez». Mención especial para la actriz dominicana Zoe Saldaña, quien estuvo magnífica en su papel secundario para este mismo filme y ya alcanzó el Globo de Oro en su categoría y está nomidana para los Oscar. Mas, Karla Sofía es la actual sensación internacional de la actuación. Es la persona que está de moda, el más aplaudido y admirado, por su lucha, por imponer su percepción, por no aceptar la «construcción social» que le asignaron al nacer, por ser reconocido como ELLA. Ondea su bandera trans y representa la cúspide de la lucha en el ambiente cinematográfico del conglomerado LGBTIXPY+ y cuantas letras quieras agregarle, (en Canadá han llegado al nivel de incluir símbolos y números a las siglas de «La Comunidad»), pero ese es otro tema.
La historia del cine está repleta de grandes actores y actrices interpretando personajes del género contrario al suyo, y hasta la fecha esas caracterizaciones eran encasilladas en las categorías que les correspondía. Si era una actriz que hacía el papel de hombre, era nominada como mejor actriz; si era un hombre, como mejor actor. Y el mejor ejemplo que podemos mostrar es cuando Jaret Leto interpreta a una mujer trans en la película «El Club de los Desahuciados» y gana la estatuilla a mejor actor de reparto, una actuación que nos dejó a todos boquiabiertos. Mencionar el largometraje «Shakespeare In Love», donde la actriz Gwyneth Paltrow tiene que hacerse pasar por hombre para poder cumplir su sueño de ser un actor de teatro en aquella Inglaterra medieval, ella estuvo genial, al punto de alzarse con el premio de La Academia. Cate Blanchett ganó un Globo de Oro como actriz cuando encarnó en el filme biográfico «Mi Historia Sin Mí» al cantante y escritor, Bob Dilan, ella estuvo deslumbrante. El cineasta Eddie Redmayne alzó el cetro a mejor actor cuando se vistió de mujer en «La Chica Danesa», su performance fue espectacular. La lista es numerosa, y con la sensata competencia de rivalizar en la categoría que por lógica les correspondía.

Pero hoy no basta con poner lo mejor de ti frente a las cámaras. No es suficiente bajar de peso, fortalecer tu físico, durar interminables horas de maquillaje para darle los detalles más reales al personaje. Hoy día no basta con desdoblarse hasta perder momentáneamente su propia identidad. En este preciso momento las actrices no sólo tienen que lidiar con vejaciones, acosos, maltratos, ser subestimadas, ignoradas, sexualizadas. Ahora sí que se la pusieron difícil a las mujeres, porque hoy, en la categoría de Mejor Actriz, ellas deben tragar en seco y aplaudir amargamente mientras un hombre nombrado «Carlos» al nacer, vestido con ropas femeninas y exigiendo que le llamen «Karla», va subiendo las escalinatas para recibir la ansiada estatuilla dorada que debía consagrar la carrera cinematográfica una mujer y no la de un hombre que se percibe mujer.
