Por Rafael Henríquez.
Las acciones violentas de la policía en contra de la sociedad civil en el último año calendario, de las cuales podemos citar varios países e inmensidad de casos, han puesto a las instituciones del orden alrededor del mundo en el ojo del huracán. Muertes accidentales, y otras no tan accidentales, golpizas, abuso de poder, uso excesivo de la fuerza, confusiones en la aplicación de las técnicas para “someter a la obediencia”, rodillas asfixiantes en el cuello, desenfundar y disparar el arma de fuego en lugar de la stun gun o pistola eléctrica y disparar a discreción en contra de manifestaciones multitudinarias, son ejemplos de los excesos en que han incurrido los uniformados en naciones como Estados Unidos, México, Venezuela y república Dominicana.
Nos preguntamos si es que estos cuerpos armados, cuya imagen debe representar la seguridad y el orden, han perdido su norte o, en realidad, están regresando a sus orígenes.
Suena exagerado y hasta escalofriante, pero solo basta con adentrarse un poco en la historia de la humanidad para cerciorarse de porqué la llamada “fuerza policial” actúa de forma tan aplastante y las razones por las que despiertan tanto temor, animadversión, repudio y muchas veces odio. No hay coincidencia en su modus operandi. Es un comportamiento aprendido y/o heredado y podemos documentarlo hasta con jeroglíficos egipcios.
Podría ser la cultura egipcia la primera registrada en contar con una unidad policial, poseyendo una historia que data de 3,000 años a.C., existe una imagen documentada entre el 2,450 y 2,325 a.C., donde un velador del “maat” (la ideología que representaba el orden, verdad, justicia, estabilidad, ser correcto o la diosa que personificaba estos principios), sostenía una correa con un mono amarrado y el animal, a su vez, agarraba por la pierna a un hombre que parecía robando productos en una especie de mercado. Pero estos antecesores policiales fungían principalmente como protectores de las pertenencias de faraón y su reducido séquito de funcionarios, además de garantizar la sumisión de los esclavos, medrando cualquier tipo de insurrección o manifestaciones libertarias. Desde azotes, heridas abiertas, mutilaciones corporales, hasta empalar cuerpos de los condenados a muerte; cualquier forma de castigo era justificada con el alegato de mantener el balance del “maat”, del orden, del status quo.
Los señores feudales de Francia e Inglaterra, entre los siglos XI y XII usaban una especie de cuerpos castrenses para atemorizar a los siervos (semi esclavos), recolectar porcentajes exagerados de la siembra por el uso de los terrenos del amo. Ya mejor organizadas, estas fuerzas armadas, servían como el órgano recaudador de las monarquías, usando su poder en armamento para cometer atropellos e inequidades contra las comunas y sus pobladores.
Antes de la Declaración de LIbertad y convertirse en Estados Unidos, la colonia inglesa contaba con cuerpos armados similares a los ya descritos, encargados del cobro de los impuestos de la corona (estos excesivos impuestos constituyeron uno de los detonantes principales para el levantamiento en contra de la subyugación monárquica y eventual independencia). Luego de convertirse en una nación libre, la esclavitud seguía siendo la forma más lucrativa y legal de enriquecimiento, entonces vemos cómo se crean unidades armadas, conformadas por militares y veteranos que lucharon en las batallas independentistas, con la finalidad de mantener a los esclavos controlados e impedir que se escaparan de las plantaciones. Éstas células bélicas se diseminaron rápidamente en muchos de los Trece Estados recién erigidos, teniendo sus focos principales en las ciudades de Massachusett, Nueva York, Filadelfia y Carolina del Sur. No hace falta mencionar las vejaciones, torturas, linchamientos, azotes y ahorcamientos a que eran sometidos estos africanos secuestrados de sus tierras para realizar trabajos forzados en la colonia inglesa y más tarde en el país norteamericano; pasando por el exterminio de la raza indígena en las islas colonizadas por España como en las que hoy son Puerto Rico, Cuba y República Dominicana.
Si seguimos avanzando en el tiempo y nos adentramos en la era industrial (1790 a 1820), la fuerza policial asentada en Inglaterra, tras verse reflejados en la Revolución Francesa (1789), arremetía en contra de los sindicatos y líderes sociales, que llamaban a huelgas y manifestaciones para reclamar sus derechos a mejores salarios y jornadas laborales más cortas, llegando a cometer actos violentos y barbáricos que afectaba a los trabajadores y jornaleros. Destacar la “Masacre de Peterloo”, en Manchester (1819), donde cientos de proletarios fueron heridos y más de una decena asesinados por la policía londinense.
Podemos adelantar 100 años y transportarnos a los estados segregistas de los Estados Unidos, donde no bastó la Guerra Civil encabezada por el presidente Lincoln para abolir la esclavitud, y todavía en 1960 se evidenciaba el uso de la fuerza policial en contra de los afroamericanos que levantaban la voz exigiendo igualdad de derechos y el cese del racismo rancio y nefasto. La canción “Strange Fruit” (1935) inmortalizada por la cantante negra de jazz y swing, Billie Holiday, nos habla de “frutas extrañas” colgadas de los álamos, en el Sureste del país norteamericano, refiriéndose a los negros ahorcados en los árboles de las plantaciones y bosques. Todavía en los años 60 la intérprete de voz agrietada, triste y melodiosa era perseguida por el FBI y la policía de los estados donde tenía presentaciones con la clara censura de este tema, porque se trataba de una incitación al desorden y a levantamientos civiles en contra del Estado.
Así sea al servicio de racistas, monarcas, segreguistas, empresarios, millonarios, jefes de estado; evidentemente, la policía y su fuerza no tienen como principio tácito la protección del ciudadano y evitar la criminalidad. Su función es proteger las cabezas gobernantes y patrones adinerados, su objetivo es controlar a las masas con el uso de violencia no letal que, como es lógico, puede írseles de las manos. Que los intereses de los poderosos se mantengan intactos, es su principal tarea.
Pero lejos de estos comentarios subversivos y anarquistas, cabe resaltar la esencia comedida y disciplinaria que debe tener la fuerza policial. El principio básico de combatir el crimen y brindarle seguridad y sosiego a la población tiene que ser el norte de cada uniformado que se compromete con su insignia y con el bienestar de su país. También existen innumerables ejemplos del buen uso de la fuerza policial, mas, en este texto pretendíamos darle respuesta a la cuestionante de por qué la policía tiene arraigada esa tendencia a la violencia y al uso de su poder avasallante y desmedido, poder otorgado por los líderes que mueven los hilos del circo y utiliza a la uniformada azul como brazo opresor.
