Por Rafael Henríquez.
Extraño tu cuidado y tu mirar.
Extraño tu sonrisa y tu soñar.
Hecho de menos tu andar al regresar.
Hecho de menos hasta tu refunfuñar.
Me hacen falta tus dimensiones en la cama.
Y la forma en que te manejas como dama.

Muero por volver a sentir el fuego entre tus piernas.
Y que descanses en mi pecho después del acto, tan tierna.
Mi pluma no para de danzar.
Porque de ti habla su versar.
En mis palabras no hay un solo grado de hipocresía.
Porque eres tú, Amada Mía,
mi eterna poesía.
