Por Rafael Henríquez.
Mil veces perderte, otras mil buscarte.
Mil veces alejarte, otras tantas añorarte.
En mi cama soñarte, ajena saberte.
En mi recuerdo tenerte, desnuda extrañarte.
Sobre mi piel olerte, sobre otra piel aborrecerte.
Hay tanto en querer verte, como en el orgullo de evitarte.
Hay tanto en morderte, como en la desidia de encontrarte.

Porque amarte sin odiarte, es como tomarte sin poseerte.
Porque desearte sin rechazarte, es como penetrarte sin cogerte.
Por demás existes en mi mente, con rabia se mezclan tus actos hirientes.
Por demás te abrazo fuertemente, con dolor lloro lo que hiciste amargamente.
En cada paso perderte, siendo mi castigo amarte. En cada suspiro lamerte, en mi rechazo vengarme.
Me odio por no saber conservarte, te desprecio por no saber adorarme.
Nota al margen: cada frase en un espejo donde ambos nos reflejamos.
Tal vez sean las últimas palabras que escriba con tu nombre, con tus sentimientos, con mis demonios atormentándome, con tu sangre palpitándome. Con mi carne devorándote, con mis rencores lacerándote.
Te amaré cada día de mi vida, así, sin poder amarte.
