Por Rafael Henríquez.
Se despidió con la esperanza guardada detrás de la voz. Con los sueños marchitos en un mayo invernal. Con la vida cojeando del latir izquierdo. Y el mundo perdido en sus pupilas agrietadas.

Se despidió con la esperanza guardada detrás de la voz. Con el sabor amargo de un adiós. Con pesadillas velando cada jornal. Con la muerte palpando un épico encuentro. Y un compendio de interrogantes derramadas.

Se despidió con la esperanza guardada detrás de la voz. Con la desilusión del deber cumplido. Con la tranquilidad de otro día quemado. Y la vela encendida con aroma a rancio pasado.

Se despidió con la esperanza guardada detrás de la voz. Rescatando un volveré ahogado en el desierto. Comprando un boleto con ruta a una prisión. Y mirando la telaraña en el techo bordada con sus cabellos.
