Por Rafael Henríquez.
Qué le espera al orate andando en tinieblas.
Qué tan amargo el sediento toma el café.
Qué fantasmas vagan errantes en la niebla.
Errantes que danzan perdidos a son de tres.

A quién lloraré en vela hasta que duela.
A quién serviré tibia infusión de miel y té.
A quién deslumbrará la luz que se cuela.
El nombre de quién a todo pulmón gritaré.
Por qué desandar como alma en pena.
Por qué caminar el basto mundo sin fé.
Por qué sigues recorriendo mis venas.
Así duela tus besos en mi piel tatuaré.

A quién amaré en el instante que muera.
A quién acariciaré cuando mi alma no esté
A quién besaré cuando la nostalgia hiera.
El nombre de quién en mis labios tallaré.
