Por Rafael Henríquez.
El espionaje en el celuloide y la televisión siempre ha sido una apuesta segura. El enmarañado mundo de intrigas, ocultaciones, trampas, señuelos y simulaciones se transforma en un pajar fascinante donde encontrar la aguja requiere de una astucia milimétrica. Las agencias de inteligencia gubernamentales seleccionan minuciosamente al personal más calificado para entrenarlos y convertirlos en herramientas quirúrgicas del engaño. Pero, ¿qué pasa cuando éstas herramientas salen defectuosas? ¿A dónde van aquellos agentes inadaptados?

Dichas preguntas encuentran respuestas en la serie televisiva británica: “Slow Horses”, en la que un grupo de elementos, cuya habilidad especial es echarlo todo a perder, son asignados a una desacreditada unidad con la intención de que sus nombres queden sepultados entre casos sin ninguna importancia. Condenándolos, de paso, al ostracismo dentro de la misma agencia de inteligencia MI6.
Es imposible pensar que “agentes de inteligencia” puedan ser tan idiotas hasta adentrarse en esta serie. En algún punto confundes si las barrabasadas presentadas son pifias de producción o metidas de patas de los protagonistas.
La unidad de “Caballos Lentos”, por su traducción en español, es comandada por un maltrecho, desaliñado y alcohólico veterano interpretado magistralmente Gary Oldman, cuyo más grande pecado es ser el tuerto en el país de los ciegos. Oldman ya tiene experiencia en cintas de espionaje, en “El Espía que Sabía Demasiado” (2011) caracterizó al experimentado coordinador, George Smile, quien necesitó retrasar su retiro para mover los hilos dentro del MI6 en tiempos de la Guerra Fría. (Recomendada).
Cinco temporadas de seis capítulos cada una, donde un borracho, un torpe imprudente, una cocainómana, un ludópata, una doña tan inocente como despistada y un hacker inseguro y voyerista se ven obligados a recurrir a habilidades que ni ellos pueden afirmar poseer para enfrentar amenazas tanto internas como externas que ponen en peligro a la nación y muchas veces provocadas por sus torpezas.
Prepárense para un humor tan mórbido y degradante que pone a prueba el mundo de cristal en que se vive hoy.
