
¡Bolivariana adorada, hola!
Tiempo que no sé de ti. Te felicité hace un par de semanas, cuando se rompieron tus cadenas. No respondiste, pero lo entendí, en medio de la euforia y el ensordecedor bullicio era imposible escuchar mi aislado saludo.
Más de 10 días han pasado, supongo que ya te recuperaste de la resaca.
Hoy más que nunca recuerdo tus anécdotas de las vacaciones en Isla Margarita o aquellas noches pesadas en el barrio 23 de Enero. He de imaginar que esas nostalgias ahogadas en lágrimas son más latentes que nunca.
Asomo estas letras bajo el impulso de charlar contigo sobre los últimos acontecimientos; ver que no bastó extirpar a Maduro de Miraflores para desinfectar el gobierno del chavismo debe ser muy decepcionante para ti y no te culpo, pero te cuento que no debes mitigar tus esperanzas. El comunismo virulento que se esparció en tus calles en estos fatídicos 27 años pudiera compararse con una hiedra de siete cabezas, lo que pondría en peligro cualquier intento de institucionalizar la República a vapor. Ese sistema corrosivo y nefasto hay que desmontarlo quirúrgicamente y con una exactitud milimétrica. Obligarlos a ellos mismos a reorientar el estado, debidamente supervisados y con el «chucho» del «imperio yanqui» en sus espaldas.
El desmonte debe ocurrir paulatinamente y como dicen los viejos: «El que lo rompió que lo arregle».
Ahora, bajo las órdenes gubernamentales de los Estados Unidos, se empiezan a implementar acción económicas para fortalecer las finanzas del país, por demás saqueadas y desguazadas (una deuda externa estimada en $160,000 millones de dólares lo que equivale a más 190 % del PIB, según analistas internacionales.
El escenario no es el ideal, pero sí alagüeño. El desmonte gradual de la dictadura tal vez no es motivo de celebración, pero sí de esperanza. Ya podemos palparte, Bolivariana, libre, con instituciones funcionales y con tus playas abiertas al mundo.
Sí, la bruja sigue siendo el rostro del gobierno, pero obedeciendo estrictamente las órdenes de «Los invasores del norte». Todo se paga aquí en la tierra, dicen por ahí; karma, señalan algunas culturas. Ironía, le llamo yo. Siendo enemigos ideológicos naturales por décadas, pasar a ser hoy lacayos serviles de los Estados Unidos de América es el mayor de los colmos y el mejor meme del 2026.
Por esta me despido, Bolivariana querida, convencido de que nuevamente hermosas orquídeas florecerán en tus praderas y dulces olas de grandeza golpearán tus costas. ¡Besote!
