Los Contradictorios Instrumentos que utiliza Yahvé

Por Rafael Henríquez.

En momentos donde la cristianidad está siendo perseguida, violentada y sesgada como si estuviéramos en el siglo I Después de Cristo. En tiempos donde ideologías contrarias a reconocer la existencia de un ser superior Omnipotente y Omnisciente copan las aulas, mostrando a los niños un camino donde el hombre es su propio dios, ¿quién defiende a Jehová?

365 millones de cristianos en el mundo son perseguidos por causa de su fe.

Hoy somos testigos absortos de cómo el “superhombre” de Friedrich Nietzsche (1844-1900) se practica con vehemencia, alejando al ser humano de su estrecha relación con Dios. Este intelectual alemán fue quien más aportó a la filosofía del nihilismo, que busca negar tajantemente verdades universales y que propaga como meta superior del hombre crear sus propios e individuales valores y sentido, dejando atrás toda creencia, cultura o moral dictada por la sociedad. Muchos científicos y estudiosos aseguran que Nietzsche “mató a Dios”. 

El concepto de «Superhombre» es el núcleo de la obra «Así habló Zaratustra».

¿Cómo se mata a Dios? Dejando de creer, tal vez sea la respuesta.

Sí, hemos dejado de creer, hemos dejado de orar, ya no leemos la biblia. Cada día negamos tres veces, como lo hiciera Pedro, a Cristo. Y como consecuencia vemos que la sociedad está cada vez más convulsa, la perversidad y la degradación son “el pan nuestro de cada día”. El ser humano se ha deconstruido tanto que ya ni se reconoce así mismo.

¿Cómo volveremos a creer? “Sabrá Dios”.

Es, precisamente, El Barbú, en su Omnisapiente manifestación que utiliza sus contradictorios instrumentos para llevar su mensaje y declarar a viva voz su existencia divina. Tal como lo hiciera con Saulo de Tarso, uno de los mayores perseguidores del cristianismo temprano o primitivo, que pasó por su espada a tanto creyente en Jesucristo encontraba a su paso, para luego caer de rodillas ante la incipiente fe que desafiaba a las arraigadas tradiciones judías, para así convertirse en el mayor propagador de la religión cristiana entre sus anteriores hermanos religiosos y también entre los llamados “gentiles”. Históricamente conocido como Pablo de Tarso o San Pablo, su impronta ha sido tan grande que es señalado como el más grande predicador de la cristiandad de su tiempo. Las referencias de este discípulo de Dios, otrora cazador de discípulos, podemos encontrarlas en los textos canónicos que palpitan de vida en la misma Santa Biblia: “De las llamadas epístolas paulinas, la Epístola a los romanos, la Primera y la Segunda epístola a los corintios, la Epístola a los gálatas, la Epístola a los filipenses, la Primera epístola a los tesalonicenses y la Epístola a Filemón tienen en Pablo de Tarso su autor prácticamente indiscutido.”

Pablo de Tarso, «El Apóstol Viajero».

Hoy, un inesperado líder mundial se yergue enarbolando la defensa de la fe cristiana y el regreso a los principios religiosos. El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, un nefasto personaje con una hoja de vida desdeñable se contradice a los principios morales que dicta Papá Dios, pues repleta de trampas, traiciones, negocios dudosos, evasor del sistema, acusado de numerosas faltas a las leyes de los hombres, encontrado culpable a muchas de esas acusaciones, es quien hace el llamado de regresar al “Camino de la Verdad y la Vida”.

Como acertadamente señala el mandatario, América se construyó sobre cimientos enteramente cristianos, ya sean católicos y/o protestantes. Occidente tiene en el cristianismo los estamentos cívicos, morales y religiosos que lo forjó. Desde el “Sermón de Adviento” (Santo Domingo, 1511) dictado por Fray Antón de Montesinos, donde denuncia y protesta contra la explotación y abusos al que eran sometidos los pueblos indígenas, es considerado el primer llamado a los derechos humanos en América y está basado en el principio cristiano de la humanidad e igualdad de las almas. Hasta la declaración de Independencia de los Estados Unidos, cuyas colonias estaban formadas, en su mayoría, por feligreses protestantes que llegaron al Nuevo Mundo huyendo de las persecuciones y guerras que se fraguaban en toda Europa y Oriente Medio. Desde 1956 el Congreso de Los Estados Unidos de América adopta como emblema nacional la frase: “In God We Trust” (En Dios Confiamos). Dicha frase fue utilizada originalmente durante la Guerra Civil estadounidense por el clérigo de Pennsylvania, M.R. Watkinson, arengando a las tropas abolicionistas del Norte diciendo que dicha expresión «nos colocará bajo la protección divina».

Siendo Yahveh, Jehová, Dios, el baluarte y pilar religioso del país más poderoso del mundo moderno. Y justamente son los cimientos de su fe que se ven tambaleándose día tras día en las sociedades americanas.

No pretendemos ser apologistas de Trump, pues a ciencia cierta es una figura totalmente contradictoria a lo que representa Dios, y para aquellos que desconocen la historia pudieran ver con sobradas razones como “doble moral” que sea él quien hable a favor de Dios; pero para los que aceptamos sin cuestionar la voluntad del Altísimo, no vemos descabellado que el instrumento de la fe sea uno que a simple vista se contrapone a muchos de los Mandamientos.

Imagen tomada de @deultimominutomedia

Porque el Barbú es tan poderoso que manifiesta “Su Palabra” en quien menos esperamos, doblegando su corazón y haciendo que el orgulloso se humille, para que veamos los mares abrirse, mostrando el camino que debe seguir su pueblo, alejándose de toda la esclavitud y señalando la ruta hacia la “Tierra Prometida”.

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