Por Rafael Henríquez.

Te respiré en un otoño festivo. De esos que guardan abrazos y brindis en salas ajenas.
Un otoño madrugador y resacado por los tragos De recuerdos atemporales calcados en la carretera.
Te suspiré en un otoño bullicioso. De los que colman de risas y vítores memorias añejas. Un otoño embriagador y rezagado por la espera impávida De un beso meloso olvidado en la heladera.

Te abracé en un otoño agrietado. De los que caminan heridos y erguidos evitando quejas. Un otoño enternecedor y remendado por los girones de tela. Que rescató de una cremallera.
Te sentí erizando mis poros cual brisa de otoño. Soplando suave en la nuca y estremeciéndolo todo. Otoño que alienta su brisa removiendo las hojas secas. Reactivando el flujo de entumecidas venas. Que antes la pasión recorriera.

